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"Me he gastado el noventa por ciento de mi dinero en alcohol y mujeres. Es resto lo he despilfarrado" (George Best)

martes, 5 de junio de 2012

Xavi, el humilde



A la humanidad se la puede disculpar con un argumento que a los anunciantes tanto les gusta utilizar: la mayoría no puede equivocarse. Eso que convierte en neurótico a quién un día dijo que la siesta era un invento para hacer frente a un partido del Barcelona o la idea de que los culés, como la banca, ganan hasta cuando pierden. Dentro de este discurso ufano, dónde lo importante es el entorno, vive ese Xavi que tiene la lengua pegada a una homilía que acepta la misma oposición que Kim Jong II o el que inventó la frase dos y dos son cuatro. A veces, nos recuerda esta situación al taxista que intenta explicar al borracho que Barrio Sésamo no aparece en el callejero. Porque, volviendo al concepto, lo que le importa a Xavi es el entorno y por eso sigue en su tarea de romper aguas en cada entrevista. A Guardiola siempre le gustó la farándula literaria del fútbol, la puesta en escena, siempre bien arreglada, como en la boda de un buen amigo. Por eso Xavi ha sido un producto del guardiolismo pero con defecto de fábrica en la retórica. Guardiola sí ha sido ese político que ha sabido siempre morder con la boca cerrada para acabar diciendo lo contrario de lo que piensa. Entre el pensamiento del Pep cabía también lanzar dardos al rival, pero siempre desde un humanitarismo de bidé, utilizando la palabra de un fino insultador, como si Quevedo le estuviera susurrando en cada rueda de prensa aunque en el campo el de Sampedor perdiera los nervios como Bankia las acciones; pero con disimulo y murmurando al oído del linier.

Xavi, que fue el discípulo predilecto de Pep, le superó en su fútbol. Dónde Guardiola veía un hueco, Xavi encontraba dos. A mí lo que más me gusta de Xavi es aquel balón que puso en la cabeza de Puyol ante Alemania o aquel espacio que vio para Torres en la Euro de 2008 que sirvió para quitarle a España los complejos. Lo que me cansa es ese Xavi que no ha superado un trauma, como el del niño pequeño o el del nacionalismo catalán con la idea de que España les roba hasta las mujeres guapas. Los pases del de Terrasa dan la hora mientras se sitúa al otro lado de la mampara con el dedo acusador a por el que no respeta su ideal del fútbol-amor. Un ideal cada día más lastrado por unos años que ya no le perdonan y que obliga a España a jugar más lento. La humildad para Xavi no es una realidad, sino una novela por escribir que nunca escribirá. Mientas ha dedicado una parte de su vida al fútbol, la otra la ha gastado en arremeter contra el Madrid. Xavi cuando habla de humildad pronuncia la palabra prepotencia, porque no es humilde quién lo va repitiendo y luego le invita a Lass Diarrá a llevarse el balón porque su equipo no lo ha tocado en 90 minutos o le recuerda a Arbeloa, en una de aquellas tanganas, que él “le hizo campeón con lo malo que es”. De tanto repetir que saben perder se le ha olvidado que nunca supieron ganar. Aquellas manitas de Piqué que le devolvieron el tortazo acompañado de los acordes del “boti, boti, boti”. Lo realmente gracioso es pensar que tampoco supieron perder cuando a Mourinho le caían las gotas de unos aspersores encendidos con malicia mientras Valdés salió a por él a espantarle los mosquitos. A uno también se le viene a la cabeza porque Alves le pisó el muslo a Cristiano en el último clásico, ese muslo que es lo que realmente ha desquiciado al Barsa este año. Para todo lo demás, cosas del fútbol y no discursos de clubes libres de pecado.

Xavi, que debió sufrir mucho sus seis iniciales años en Primera cuando fue más intranscendente  que la invención del pan integral, sólo le queda echar azufre en las botas de Arbeloa, Alonso, Ramos o Albiol para purificar el escupitajo al fútbol que, para él, hacen los jugadores madridistas. En vísperas de misa, con el atuendo de la selección puesto, ha vuelto a sacar la lengua y a remover el batiburrillo entre los seleccionados madridistas y culés. La suerte para ese vestuario es que le queda poco para poner la lengua en el congelador y tiempo para reflexionar sobre su figura. La arcada que le han cogido algunos madridistas a la selección se debe a actitudes como las de Xavi. Menos mal que siempre nos quedan los Erkorekas y Anasagastis para desear que España gane. Y si se pierde, la culpa es de Mourinho.

1 comentario:

  1. "En vísperas de misa, con el atuendo de la selección puesto, ha vuelto a sacar la lengua y a remover el batiburrillo entre los seleccionados madridistas y culés." Debidamente jaleado y amplificado por los medios de prisa. Es justo no olvidarlo.

    Un grandísimo retrato. Enhorabuena.

    @Chamartin4ever

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