A la humanidad se la puede disculpar con un argumento
que a los anunciantes tanto les gusta utilizar: la mayoría no puede
equivocarse. Eso que convierte en neurótico a quién un día dijo que la siesta
era un invento para hacer frente a un partido del Barcelona o la idea de que
los culés, como la banca, ganan hasta cuando pierden. Dentro de este discurso
ufano, dónde lo importante es el entorno, vive ese Xavi que tiene la lengua
pegada a una homilía que acepta la misma oposición que Kim Jong II o el que inventó
la frase dos y dos son cuatro. A veces, nos recuerda esta situación al taxista
que intenta explicar al borracho que Barrio Sésamo no aparece en el callejero. Porque,
volviendo al concepto, lo que le importa a Xavi es el entorno y por eso sigue
en su tarea de romper aguas en cada entrevista. A Guardiola siempre le gustó la
farándula literaria del fútbol, la puesta en escena, siempre bien arreglada,
como en la boda de un buen amigo. Por eso Xavi ha sido un producto del
guardiolismo pero con defecto de fábrica en la retórica. Guardiola sí ha sido
ese político que ha sabido siempre morder con la boca cerrada para acabar
diciendo lo contrario de lo que piensa. Entre el pensamiento del Pep cabía
también lanzar dardos al rival, pero siempre desde un humanitarismo de bidé, utilizando
la palabra de un fino insultador, como si Quevedo le estuviera susurrando en
cada rueda de prensa aunque en el campo el de Sampedor perdiera los nervios
como Bankia las acciones; pero con disimulo y murmurando al oído del linier.
Xavi, que fue el discípulo predilecto de Pep, le superó en
su fútbol. Dónde Guardiola veía un hueco, Xavi encontraba dos. A mí lo que más
me gusta de Xavi es aquel balón que puso en la cabeza de Puyol ante Alemania o
aquel espacio que vio para Torres en la Euro de 2008 que sirvió para quitarle a
España los complejos. Lo que me cansa es ese Xavi que no ha superado un trauma,
como el del niño pequeño o el del nacionalismo catalán con la idea de que
España les roba hasta las mujeres guapas. Los pases del de Terrasa dan la hora
mientras se sitúa al otro lado de la mampara con el dedo acusador a por el que
no respeta su ideal del fútbol-amor. Un ideal cada día más lastrado por unos
años que ya no le perdonan y que obliga a España a jugar más lento. La humildad
para Xavi no es una realidad, sino una novela por escribir que nunca escribirá.
Mientas ha dedicado una parte de su vida al fútbol, la otra la ha gastado en arremeter
contra el Madrid. Xavi cuando habla de humildad pronuncia la palabra prepotencia,
porque no es humilde quién lo va repitiendo y luego le invita a Lass Diarrá a
llevarse el balón porque su equipo no lo ha tocado en 90 minutos o le recuerda
a Arbeloa, en una de aquellas tanganas, que él “le hizo campeón con lo malo que
es”. De tanto repetir que saben perder se le ha olvidado que nunca supieron
ganar. Aquellas manitas de Piqué que le devolvieron el tortazo acompañado de
los acordes del “boti, boti, boti”. Lo realmente gracioso es pensar que tampoco
supieron perder cuando a Mourinho le caían las gotas de unos aspersores encendidos
con malicia mientras Valdés salió a por él a espantarle los mosquitos. A uno también
se le viene a la cabeza porque Alves le pisó el muslo a Cristiano en el último
clásico, ese muslo que es lo que realmente ha desquiciado al Barsa este año. Para
todo lo demás, cosas del fútbol y no discursos de clubes libres de pecado.
Xavi, que debió sufrir mucho sus seis iniciales años en
Primera cuando fue más intranscendente que
la invención del pan integral, sólo le queda echar azufre en las botas de
Arbeloa, Alonso, Ramos o Albiol para purificar el escupitajo al fútbol que,
para él, hacen los jugadores madridistas. En vísperas de misa, con el atuendo
de la selección puesto, ha vuelto a sacar la lengua y a remover el batiburrillo
entre los seleccionados madridistas y culés. La suerte para ese vestuario es
que le queda poco para poner la lengua en el congelador y tiempo para
reflexionar sobre su figura. La arcada que le han cogido algunos madridistas a
la selección se debe a actitudes como las de Xavi. Menos mal que siempre nos
quedan los Erkorekas y Anasagastis para desear que España gane. Y si se pierde, la culpa es de Mourinho.
"En vísperas de misa, con el atuendo de la selección puesto, ha vuelto a sacar la lengua y a remover el batiburrillo entre los seleccionados madridistas y culés." Debidamente jaleado y amplificado por los medios de prisa. Es justo no olvidarlo.
ResponderEliminarUn grandísimo retrato. Enhorabuena.
@Chamartin4ever