- El Athletic volvió
a dar un baño al Manchester y ya está en cuartos
- Marcaron Llorente
y De Marcos. Giggs fue ovacionado en el cambio
Ocurre de vez en cuando, como con los poetas, que a los aficionados al fútbol se les deja barra libre para poner sombra de carne y hueso a sus sueños, para escribir en verso una crónica y darle vida a las palabras. Ocurre que este Athletic ha dejado ya de soñar y ahora se lo cree. No le hace falta fantasear para hacer historia, se ha ganado la licencia para escribirla a su manera. Y esto es, de momento, jugando al fútbol. Tiene fábrica para rato, la mejor generación que se recuerda en décadas por los viejos cimientos de San Mamés. Quién juega contra el Athletic sabe que lo hace contra Llorente, Martínez, Muniaín, Herrera o De Marcos. Que te ganan un partido como te ganan una carrera de sacos. Un equipo más dotado física y técnicamente y bendecido desde la cuna para coincidir en la misma incubadora. Pero que además, no le importa beber gintonic de un botijo. Esto es, que no ha perdido con Bielsa su hoja parroquial, la casta.
Sabedor de ello Bilbao se vistió como los toreros en día de gran faena. Lugar de culto dónde los puestos de pipas nunca harán su agosto. Un público que mete con su garganta goles al contrario no deja que su equipo salga a especular con un resultado provechoso de la ida. Por eso el Athletic fue Hannibal en Nervión. Desde el primer minuto ahogó al United en la presión y no le dejó de morder hasta el pitido final. Ferguson, quién a veces no se entera si llueve o hace sol, salió con la idea de reforzar el centro del campo para no repetir el suicidio de la ida. Pusó una pica con Park y Carrick e intentó secuestrar el balón para salir rápido a la contra. Nada de eso ocurrió porque la defensa del Athletic se resguardó como quién huye de una granizada. Las líneas tan juntas que parecían engullir los espacios. No había forma cristiana de abrir la puerta entre el atasco de medias rojiblancas. Pero el Athletic que había salido a batirse en duelo goyesco no quiso quedarse en la cueva. Muniaín mandó el cuero al palo y De Marcos en el rechace hizo un homenaje a Torres. La portería se ha movido, debió pensar. Era el aviso antes de que el Manchester se pegara el primer tiro en el pie.
A los 23 minutos Amorebieta lanzó una caña desde veinte metros para ver si alguien picaba y quien picó fue el de casi siempre. Empalme de Llorente sin dejarla botar y 1-0. El riojano es de esos tipos que bajan al bar a por tabaco y vuelven con un décimo de lotería premiado. Fue marcar el gol y a los pocos minutos marcharse sustituido por lesión. Se quedaron sin el delantero estrella pero con los deberes hechos.
El Manchester ni estuvo ni se le esperó. Vendieron el pescado antes de lanzar la red y no mostraron creencia en la remontada. La actitud de los `Diablos Rojos´ resultaba tan acogedora como una nevera vacía, habían ido a La Catedral a que les excomulgaran. No sabremos que les produjo más turbación, si el Athletic, San Mamés o que hasta Amorebieta se sumara al recital. Ante ese escenario los vascos siguieron jugando como si hubieran pasado hambre. Iraola salió a conocer mundo y se fabricó una jugada de canela en rama en el área. De haber marcado, el estruendo hubiera movido las campanas de la Basílica de Santiago.
El Manchester ni estuvo ni se le esperó. Vendieron el pescado antes de lanzar la red y no mostraron creencia en la remontada. La actitud de los `Diablos Rojos´ resultaba tan acogedora como una nevera vacía, habían ido a La Catedral a que les excomulgaran. No sabremos que les produjo más turbación, si el Athletic, San Mamés o que hasta Amorebieta se sumara al recital. Ante ese escenario los vascos siguieron jugando como si hubieran pasado hambre. Iraola salió a conocer mundo y se fabricó una jugada de canela en rama en el área. De haber marcado, el estruendo hubiera movido las campanas de la Basílica de Santiago.
A los 65 minutos De Marcos volvió a encender las brasas de San Mamés. Entre Susaeta e Iraola se lo fabricaron para que el vitoriano empujara el segundo. Ya no hizo falta mirar al marcador, ni al tiempo, solo disfrutar lo que quedaba. Al Manchester se le puso el partido en japonés, ya no había nada que hacer. Tres goles en 25 minutos era una tarea para otro día. Quizá contra el Wigan o el Bolton. Sólo Rooney trató de salirse un poco del guión y marcó un gol con efectos especiales. El público se lo reconoció, con aplausos, al igual que a Giggs, abuelo de la Premier. Una competición, ésta, que se ha hundido los pies esta temporada en Europa. Eso apunta a que de lejos, ya no es la mejor liga del mundo. Dejen paso a la española otra vez. Hoy volvió a quedar demostrado. El Athletic ya está en cuartos y San Mamés ha encontrado a su musa, su equipo de toda la vida que ahora juega como nunca. Tiene Bilbao un gran tesoro. Que lo aprovechen.
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