- El
Madrid jugó a `medio gas´ pero le bastó para despachar al CSKA
- Marcaron
los tres delanteros, Cristiano por partida doble
La pelea no duró más de dos guantazos. Veintitrés minutos para ser exactos. Lo que tardó Higuaín en escribir el nudo de un partido que parecía raro. De esos que les falta sal. Porque la sensación era esa. Demasiada inquietud y sosería en unos primeros minutos en los que el CSKA se quitó la imagen que se ganó el Leverkusen, la del club de colegialas fans de Messi. En la previa, Mourinho había avisado que jugaría con trivote ofensivo. Finalmente fueron dos de inicio pero mojaron los tres. Ya se sabe que Higuaín, Cristiano y Benzema son de esos que no se asustan si el perro ladra al llamar al timbre de la puerta. Son insaciables, con licencias muy distintas pero unidos a un mismo fin, el de reventar porterías. A uno se le tiene en busca y captura, encuentra los goles como el que entra al bar pidiendo lo de siempre; a otro, como el Pipa, se le mira de arriba abajo en cada balón que toca en el área, en permanente pasarela, como si a cada fallo alguien le esperara con la guillotina detrás de la esquina. El tercero es Karim, con una fragancia más elegante para tratar con el balón, el más calmado en esa guerra por desenfundar rápido. Aunque hoy le tocó ser Billy El Niño.
En la ida al Madrid se le había congelado el fuste y hoy salió con las piernas de plomo, falto de velocidad en sus transiciones y muy parsimonioso en defensa. Parecía que la idea de golear al equipo ruso pasara por no tener que salir de Valdebebas, como si los goles estuvieran destinados a caerse del bolsillo por su propio peso. Y así fue al final, pero la tónica general apuntó a una pizarra táctica desajustada, lejos de las facultades de arquitectura y más cerca de un aula de educación infantil. Los rusos le pusieron funda a la brújula del Madrid, Xabi Alonso, quien se vio con grilletes en los pies, sin poder trazar una hoja de ruta para salir del atasco. Al contrario del CSKA, quién planteaba justo lo contrario, dentro de lo que la calidad de sus botas le permitiera, que no era mucho. Así tuvo las primeras. Doumbia envió a las nubes lo que debió haber besado las mallas. Primer aviso. Los rusos volvieron a llegar al área antes del primer bofetón. Las ocasiones del CSKA no esperadas mandaron un telegrama a Ozil quien optó por borrar el dibujo con el codo. El alemán, a veces, se muestra como esos móviles que titubean con la cobertura: ahora sí, ahora no, ahora si, ahora no. Hoy no estaba para recibir llamadas largas. Solo había que confiar que un pase interior dejara en cueros a la defensa rusa. Llegó como el tren que arriba con retraso, pero llegó. En una de esas, Khedira se quitó el tronco de la espalda, asistió a Kaká y éste al Pipa. Encendió la mecha, se apagó el CSKA.
El Madrid se soltó la melena. Era cuestión de esperar que el gol llegara y llegó, y era cuestión de esperar también que el partido se abriera y los tantos fueran cayendo como fruta madura. Esa parte se quedó en stand by. Llegaron los goles, pero sin la sensación de que el CSKA necesitara poner coto a la crueza merengue. El partido no pasó de un periodo monótono de estatismo con pinceladas de acciones individuales. En el diccionario del Madrid gol viene antes que ocasión En esa faceta quien mejor se desenvuelve es Cristiano. Probó suerte, como quién no paga una factura esperando que no le corten la línea; la flauta sonó. En esa acción, un hombre, Chepchugov, puso una pica en el ridículo. Olvidó los apuntes de colocación en un tiro lejano y se tragó el pelotazo del portugués.
Pese que a que el partido seguía con la guitarra desenchufada, y eso no iba a cambiar ya, Benzema marcó cuando su asiento del banquillo todavía estaba caliente. Eran ya minutos para Granero, que tendrá que sustituir a Alonso en la ida de cuartos. El vasco vio la amarilla y se perderá el siguiente partido. El CSKA abrió la ventanilla para tomar algo de aire, así Tosic hizo el gol del honor, que fue un golazo. Hubo tiempo para algo más. Cuando los piperos ya arrancaban por la bocana del Metro Cristiano hizo el cuarto. Hay quien ya opta por ponerles explosivos en los paquetes de pipas al alejarse del Bernabéu antes de acabar el partido. La vida es eso que pasa mientras Cristiano marca goles. Benzema le asistió, dando pan a quien tiene una panadería. A cuartos. Mou se fue a saludar a la única zona del estadio que no se escucha el crujir de las pipas. Jugando como hoy no se ganará la décima, eso lo sabe hasta el banderín de córner, pero no era día para conclusiones.
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