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"Me he gastado el noventa por ciento de mi dinero en alcohol y mujeres. Es resto lo he despilfarrado" (George Best)

martes, 27 de marzo de 2012

El revulsivo habla portugués


  • Marcelo y Kaká desatascan un partido ante un Apoel muy conservador y acercan al Madrid a semis
  • Benzema hizo doblete y Sahin fue titular


Mientras el partido se consumía despacio, como un enfermo abandonado, la entrada de Kaká y Marcelo después de una hora de bostezos pusieron al Apoel en el lugar que eligieron desde el principio: la derrota. Los de Nicosia se encabritaron en convertir su área en el camarote de los hermanos Marx y no salir ni a por el almuerzo. Todo correcto para los intereses chipriotas, hasta que Marcelo entró como William Munny en la taberna de ´Sin Perdón´ sugiriendo salir al que quisiera salvarse. El Apoel, que ya estaba más muerto que la muerte, estuvo cavando su propia tumba durante 74 minutos. Ese fue el momento del respiro. Oxígeno para un madridismo que veía acercarse a un empate a cero que no le iba a dejar dormir. Por suerte o por convencimiento, Mourinho acertó con el doble cambio de brasileños que fabricaron la jugada que rompió las ventanas del autobús del Apoel. Marcelo asistió en profundidad a Kaká, éste se paró, avistó el horizonte y encontró la cabeza de Benzema. El gol llegó a la llamada de socorro. Fue como tirar un libro en mitad del Bershka para evacuar al personal. El Apoel entendió que no había que seguir echando silicona para cerrar las costuras, se abrieron y cayeron otros dos. Marcelo tomó aire, se plantó en línea de fondo mientras le hacían penalti y le devolvió a Kaká el favor. Se perfilaban las semifinales que, Benzema, con doblete incluído, se encargó de cerrar.

Antes de que el equipo de Nicosia se resistiera al exorcismo, Mourinho estrenó alineación sorpresa sacando a Sahin. El turco tenía que hacer olvidar a Xabi Alonso. Lo cierto es que sabe pelotear como el tolosarra, dejó buenas sensaciones, sobre todo, en los balones largos, y cambios de ritmo, asignatura imposible para los Khedira de turno. Coentrao ocupó la banda de Marcelo y a penas creó peligro en ataque como lateral, salvo en un pase al área a Benzema en la primera parte que el francés pifió. Tal vez, acostumbrados al brasileño, todo lo que no sea amenaza por esa banda se entiende como un alegato al fracaso. Lo cierto es que Coentrao no puede competir con Marcelo igual que Raúl Bravo nunca pudo hacerlo con Roberto Carlos. Se pudo pensar que el Apoel necesitaría crear algo de peligro en su casa si quería optar a algo más que a un noble navajazo. Nada más lejos, el guión lo tenían demasiado aprendido. Su cólera en ataque fue la de Piolín desayunando valium. Tan inofensivos como el corcho de una escopeta de barraca de las que, por supuesto, no matan. Aílton, su delantero, fue una bandera amarilla entre dunas. Hasta Casillas pudo aprovechar el partido para sacarse un curso CCC de piano o para pensar en el menú de la boda con Sara. En ocasiones, los once del Apoel se mantuvieron en su campo. Visto así el panorama tendría que ser fácil, pero los hombres de Jovanovic se pegaron a los blancos como moscas en una tira adhesiva. Tan grande era el atasco que el Madrid tuvo tiempo para echar una partida al tute. Jugar andando tenía que servir para abrir la mente en la segunda parte, eso o llegarían los problemas.

La asignatura de los goles se dejó aparcada para el segundo tiempo; el primer acto sólo desertó un grito de peligro con un tiro de Ozil y el ya mencionado error de Benzema. La velocidad de circulación era la misma, espacios engullidos y muy pocas posibilidades de romper el hielo. El partido empezaba ya a ser tan cargante como un niño repelente. El Apoel sólo se iba a conformar con las sobras del banquete; un córner, una falta, un desmayo de la zaga, Casillas tocando el clarinete. Su único bramido de guerra era defender. Cum laude en esa materia para el Apoel. Hasta que llegaron los cambios. El movimiento de banquillo se prodigó con la discreción de quien por fin tiene un plan. El plan fue Marcelo, el mejor lateral zurdo del planeta. El resto de la aventura ya nos la sabemos. El Apoel se ahogó en la orilla y el Madrid con la recámara cargada hizo lo que mejor sabe, marcar goles y esperar las semifinales. 

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