- El Madrid no especuló y devoró a la Real con una manita
- Partidazo de Benzema y muy buenas sensaciones de Varane
El cabreo le duró al Madrid cinco minutos. Lo que tardó Higuaín en apagar el miedo que habían causado dos empates para que el enemigo azulgrana rascara algún brote verde de esperanza. Ahí se acabó el berrinche. Por eso entendió el Madrid que para curar las penas el mejor acompañante era una borrachera de goles. Así fue. Como casi siempre en estos casos. No le hizo falta mucho esfuerzo puesto que la Real salió con la idea de vender sus joyas a la mayor franquicia de Compro Goles. Esos tres tipos que no les gusta faltar a su cita con el hambre. Un portugués, un francés y un argentino que meten goles en Chamartín como quien pesca sardinas en el cantábrico. Desquiciado en Villareal por Paradas Romero, el Madrid borró rápido las manchas de un cuaderno de bitácora que hasta hace dos jornadas no tenía ni una falta de ortografía. Alguien se empeño en cometerlas y se armó la gresca para comidilla de chupatintas. Y es que cuando los árbitros y vocingleros no molestan el fútbol es fútbol y el jamón cortado a mano sabe a jamón. La Real Sociedad salió al Bernabéu y solo miró a su portero. Ese fue su mensaje. Una defensa de cinco tíos y muy poca presión. El Madrid lo entendió a la primera y se corrió la voz, tiren a puerta.
El Pipa fue el primero en abrir el bacanal de goles ante tan espantosa zaga. Y quien dice espantosa puede decir impotente. El Madrid en estado de efervescencia es maquinaria pesada. La Real estaba destinada a llenar la mochila de goles. Intentar parar al Madrid enfadado es igual que pretender acariciar a un tigre, siempre que no le lancen dardos. Y hablando de felinos, Benzema. El francés hizo de él mismo, de Ozil y de Kaká, que de vez en cuando está. Conecta con Cristiano como lo hace con Higuaín, marca goles y los da. Es bueno y hace mejor a los demás. Para ser delantero lee el fútbol como si la portería no fuese el final pero cuando hay que definir lo hace con la precisión de un cirujano.
Tras el primer gol la respuesta de la Real fue la misma que desde el primer minuto, seguir mirando a Bravo. Sólo Aguirretxe y Griezman intentaban lanzar algún contragolpe; los dos puntas eran un espejismo en un desierto para el resto de sus compañeros, un oasis sin agua potable. Por allí, como siempre, pasaba Cristiano, el mejor amigo del gol, para disputarle a Messi el pichichi y empequeñecer el récord de 41 goles del año pasado. Ya van 35. La primera la tuvo tras un buen toque de Higuaín que Bravo le saco con buenos reflejos. La segunda fue por vía aérea tras centro de Ramos con sabor a Beckham, se fue por poco. Dejó que se cumpliera el tópico de a la tercera la vencida. Recibió un buen pase de Kaká y batió a Bravo por bajo. La Real renunció a ponerse un chubasquero y Benzema hizo el tercero. Xabi Alonso mandó uno de esos balones acompañados de paloma mensajera y Karim controló con el muslo, con el pecho o con el pene, pero se quedó muerta. Xabi Prieto cerró la primera parte con un balón que hizo turismo por la escuadra ayudado por la cabeza de Ramos (3-1).
Olía a goleada pero en el minuto 55 se apagaron los aspersores. Antes, Benzema, de nuevo, hacía el cuarto tras pase de Khedira y Cristiano el quinto tras empujar un envió del Pipa. Con el freno echado, Karanka movió banquillo. Pudimos ver a Sahin, que ya no sabíamos si era rubio o moreno y a Cristiano sustituido por Jesé, mientras Coentrao se llevó los pitos de algunos que llevaban el puro en la mano.
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