El Barcelona, que es un equipo al que se le permite beber
Cardhu de un grifo tiene a un entrenador al que leer entre líneas empieza a ser como
limpiar las gotitas de orín que se quedan en la taza. Cuesta por pereza, pero
uno se acostumbra. Son años de experiencia en el manejo. Pep destila demasiada
picardía y clase para hablar de los cuatreros de negro, más caldo de lo primero
seguramente. Anoche se puso otra vez el traje del doblepensar para esquivar la
actuación arbitral. Yo sólo medito, que otros se quejen por mí es el mensaje. Una
excelente táctica sino fuera porque la novela de 1984 la tenemos más que releída.
Él tiene a sus pluriempleados para protestar, de manera estructural, claro, que
para eso pertenecen al Partido. Pero a este no se le culpará de utilizarles
como escudo humano. El día que a Guardiola se le haga una autopsia moral a la
misma altura que a Mou a Cándido Méndez le dejarán de oler las barbas a nécora.
Pero ese es otro tema, es imposible de tocar, básicamente porque no nos dejan. Si
al Barça no le pitan como está escrito en la hoja de ruta ahí están ellos, los chicos
del Ministerio de la Verdad. Y aunque en esa cartera el Gandhi de Las Ramblas
es el Gran Hermano (aprovechando los símiles) tiene a sus sacristanes. Ahí está
ese Freixa como portavoz sobre el tablado de una rueda de prensa y Xavi como el
periodista Fernando Ónega, esos tipos que están en todas partes. Luego va el
resto, que trabajan a turnos. No hay nada más gracioso que escuchar a Alves
llamar perdedores a quien pone excusas y a la siguiente que tiene protestar por
un penalti. O a un Valdés diciendo entre una sonrisilla picarona de interior que
ya cansa la actuación arbitral mientras al fondo de la zona mixta el holograma
de una peineta le susurra: ¡Stamford Bridge, cabrones!. No hay nada como la
memoria de espumillón. Así es fácil que el barcelonismo beba su ginebra de la
victoria, su triunfo en la propaganda de comunicación que hace años tiene
ganada. Esas pequeñas telepantallas en cada hogar que repiten como loros: El Barça
es paz. La libertad es tiki-taka. La ignorancia es mourinhismo. Que al fin al
cabo es antimadridismo. E una obsesione,
¿se acuerdan? Al margen de que es difícil alargar más una mentira de que para
querer a la pelota hay que amasarla tanto que a uno le da tiempo a freírse unas
patatas con níscalos entre rondito y rondito, el Barcelona tiene la capacidad
de alargar todo. También las quejas, porque se quejan, como todos. Pero con
prensa a favor, que es lo fácil. No tenemos a un Winston Smith en Barcelona,
pero sí a un Goldstein en la capital. Es lo que toca.
jueves, 29 de marzo de 2012
martes, 27 de marzo de 2012
El revulsivo habla portugués
- Marcelo y Kaká desatascan un partido ante un Apoel muy conservador y acercan al Madrid a semis
- Benzema hizo doblete y Sahin fue titular
Mientras el partido se consumía despacio, como un enfermo abandonado, la entrada de Kaká y Marcelo después de una
hora de bostezos pusieron al Apoel en el lugar que eligieron desde el
principio: la derrota. Los de Nicosia se encabritaron en convertir su área en
el camarote de los hermanos Marx y no salir ni a por el almuerzo. Todo correcto
para los intereses chipriotas, hasta que Marcelo entró como William Munny en la
taberna de ´Sin Perdón´ sugiriendo salir al que quisiera salvarse. El Apoel,
que ya estaba más muerto que la muerte, estuvo cavando su propia tumba durante 74
minutos. Ese fue el momento del respiro. Oxígeno para un madridismo que veía
acercarse a un empate a cero que no le iba a dejar dormir. Por suerte o por
convencimiento, Mourinho acertó con el doble cambio de brasileños que
fabricaron la jugada que rompió las ventanas del autobús del Apoel. Marcelo
asistió en profundidad a Kaká, éste se paró, avistó el horizonte y encontró la
cabeza de Benzema. El gol llegó a la llamada de socorro. Fue como tirar un
libro en mitad del Bershka para evacuar al personal. El Apoel entendió que no
había que seguir echando silicona para cerrar las costuras, se abrieron y
cayeron otros dos. Marcelo tomó aire, se plantó en línea de fondo mientras le
hacían penalti y le devolvió a Kaká el favor. Se perfilaban las semifinales que,
Benzema, con doblete incluído, se encargó de cerrar.
Antes de que el equipo de Nicosia se resistiera al
exorcismo, Mourinho estrenó alineación sorpresa sacando a Sahin. El turco tenía
que hacer olvidar a Xabi Alonso. Lo cierto es que sabe pelotear como el
tolosarra, dejó buenas sensaciones, sobre todo, en los balones largos, y cambios
de ritmo, asignatura imposible para los Khedira de turno. Coentrao ocupó la banda
de Marcelo y a penas creó peligro en ataque como lateral, salvo en un pase al
área a Benzema en la primera parte que el francés pifió. Tal vez, acostumbrados
al brasileño, todo lo que no sea amenaza por esa banda se entiende como un alegato
al fracaso. Lo cierto es que Coentrao no puede competir con Marcelo igual que
Raúl Bravo nunca pudo hacerlo con Roberto Carlos. Se pudo pensar que el Apoel
necesitaría crear algo de peligro en su casa si quería optar a algo más que a
un noble navajazo. Nada más lejos, el guión lo tenían demasiado aprendido. Su
cólera en ataque fue la de Piolín desayunando valium. Tan inofensivos como el
corcho de una escopeta de barraca de las que, por supuesto, no matan. Aílton, su delantero, fue una bandera
amarilla entre dunas. Hasta Casillas pudo aprovechar el partido para sacarse un
curso CCC de piano o para pensar en el menú de la boda con Sara. En ocasiones, los once
del Apoel se mantuvieron en su campo. Visto así el panorama tendría que ser
fácil, pero los hombres de Jovanovic se pegaron a los blancos como moscas en
una tira adhesiva. Tan grande era el atasco que el Madrid tuvo tiempo para
echar una partida al tute. Jugar andando tenía que servir para abrir la mente
en la segunda parte, eso o llegarían los problemas.
La asignatura de los goles se dejó aparcada para el segundo tiempo; el primer acto sólo desertó un grito de peligro con un tiro de Ozil y el ya
mencionado error de Benzema. La velocidad de circulación era la misma, espacios
engullidos y muy pocas posibilidades de romper el hielo. El partido empezaba ya
a ser tan cargante como un niño repelente. El Apoel sólo se iba a conformar con
las sobras del banquete; un córner, una falta, un desmayo de la zaga, Casillas tocando el clarinete. Su único
bramido de guerra era defender. Cum laude en esa materia para el Apoel. Hasta que llegaron los cambios. El movimiento
de banquillo se prodigó con la discreción de quien por fin tiene un plan. El
plan fue Marcelo, el mejor lateral zurdo del planeta. El resto de la aventura
ya nos la sabemos. El Apoel se ahogó en la orilla y el Madrid con la recámara
cargada hizo lo que mejor sabe, marcar goles y esperar las semifinales.
domingo, 25 de marzo de 2012
ParacetaGOL
- El Madrid no especuló y devoró a la Real con una manita
- Partidazo de Benzema y muy buenas sensaciones de Varane
El cabreo le duró al Madrid cinco minutos. Lo que tardó Higuaín en apagar el miedo que habían causado dos empates para que el enemigo azulgrana rascara algún brote verde de esperanza. Ahí se acabó el berrinche. Por eso entendió el Madrid que para curar las penas el mejor acompañante era una borrachera de goles. Así fue. Como casi siempre en estos casos. No le hizo falta mucho esfuerzo puesto que la Real salió con la idea de vender sus joyas a la mayor franquicia de Compro Goles. Esos tres tipos que no les gusta faltar a su cita con el hambre. Un portugués, un francés y un argentino que meten goles en Chamartín como quien pesca sardinas en el cantábrico. Desquiciado en Villareal por Paradas Romero, el Madrid borró rápido las manchas de un cuaderno de bitácora que hasta hace dos jornadas no tenía ni una falta de ortografía. Alguien se empeño en cometerlas y se armó la gresca para comidilla de chupatintas. Y es que cuando los árbitros y vocingleros no molestan el fútbol es fútbol y el jamón cortado a mano sabe a jamón. La Real Sociedad salió al Bernabéu y solo miró a su portero. Ese fue su mensaje. Una defensa de cinco tíos y muy poca presión. El Madrid lo entendió a la primera y se corrió la voz, tiren a puerta.
El Pipa fue el primero en abrir el bacanal de goles ante tan espantosa zaga. Y quien dice espantosa puede decir impotente. El Madrid en estado de efervescencia es maquinaria pesada. La Real estaba destinada a llenar la mochila de goles. Intentar parar al Madrid enfadado es igual que pretender acariciar a un tigre, siempre que no le lancen dardos. Y hablando de felinos, Benzema. El francés hizo de él mismo, de Ozil y de Kaká, que de vez en cuando está. Conecta con Cristiano como lo hace con Higuaín, marca goles y los da. Es bueno y hace mejor a los demás. Para ser delantero lee el fútbol como si la portería no fuese el final pero cuando hay que definir lo hace con la precisión de un cirujano.
Tras el primer gol la respuesta de la Real fue la misma que desde el primer minuto, seguir mirando a Bravo. Sólo Aguirretxe y Griezman intentaban lanzar algún contragolpe; los dos puntas eran un espejismo en un desierto para el resto de sus compañeros, un oasis sin agua potable. Por allí, como siempre, pasaba Cristiano, el mejor amigo del gol, para disputarle a Messi el pichichi y empequeñecer el récord de 41 goles del año pasado. Ya van 35. La primera la tuvo tras un buen toque de Higuaín que Bravo le saco con buenos reflejos. La segunda fue por vía aérea tras centro de Ramos con sabor a Beckham, se fue por poco. Dejó que se cumpliera el tópico de a la tercera la vencida. Recibió un buen pase de Kaká y batió a Bravo por bajo. La Real renunció a ponerse un chubasquero y Benzema hizo el tercero. Xabi Alonso mandó uno de esos balones acompañados de paloma mensajera y Karim controló con el muslo, con el pecho o con el pene, pero se quedó muerta. Xabi Prieto cerró la primera parte con un balón que hizo turismo por la escuadra ayudado por la cabeza de Ramos (3-1).
Olía a goleada pero en el minuto 55 se apagaron los aspersores. Antes, Benzema, de nuevo, hacía el cuarto tras pase de Khedira y Cristiano el quinto tras empujar un envió del Pipa. Con el freno echado, Karanka movió banquillo. Pudimos ver a Sahin, que ya no sabíamos si era rubio o moreno y a Cristiano sustituido por Jesé, mientras Coentrao se llevó los pitos de algunos que llevaban el puro en la mano.
viernes, 16 de marzo de 2012
Tiene Bilbao un gran tesoro
- El Athletic volvió
a dar un baño al Manchester y ya está en cuartos
- Marcaron Llorente
y De Marcos. Giggs fue ovacionado en el cambio
Ocurre de vez en cuando, como con los poetas, que a los aficionados al fútbol se les deja barra libre para poner sombra de carne y hueso a sus sueños, para escribir en verso una crónica y darle vida a las palabras. Ocurre que este Athletic ha dejado ya de soñar y ahora se lo cree. No le hace falta fantasear para hacer historia, se ha ganado la licencia para escribirla a su manera. Y esto es, de momento, jugando al fútbol. Tiene fábrica para rato, la mejor generación que se recuerda en décadas por los viejos cimientos de San Mamés. Quién juega contra el Athletic sabe que lo hace contra Llorente, Martínez, Muniaín, Herrera o De Marcos. Que te ganan un partido como te ganan una carrera de sacos. Un equipo más dotado física y técnicamente y bendecido desde la cuna para coincidir en la misma incubadora. Pero que además, no le importa beber gintonic de un botijo. Esto es, que no ha perdido con Bielsa su hoja parroquial, la casta.
Sabedor de ello Bilbao se vistió como los toreros en día de gran faena. Lugar de culto dónde los puestos de pipas nunca harán su agosto. Un público que mete con su garganta goles al contrario no deja que su equipo salga a especular con un resultado provechoso de la ida. Por eso el Athletic fue Hannibal en Nervión. Desde el primer minuto ahogó al United en la presión y no le dejó de morder hasta el pitido final. Ferguson, quién a veces no se entera si llueve o hace sol, salió con la idea de reforzar el centro del campo para no repetir el suicidio de la ida. Pusó una pica con Park y Carrick e intentó secuestrar el balón para salir rápido a la contra. Nada de eso ocurrió porque la defensa del Athletic se resguardó como quién huye de una granizada. Las líneas tan juntas que parecían engullir los espacios. No había forma cristiana de abrir la puerta entre el atasco de medias rojiblancas. Pero el Athletic que había salido a batirse en duelo goyesco no quiso quedarse en la cueva. Muniaín mandó el cuero al palo y De Marcos en el rechace hizo un homenaje a Torres. La portería se ha movido, debió pensar. Era el aviso antes de que el Manchester se pegara el primer tiro en el pie.
A los 23 minutos Amorebieta lanzó una caña desde veinte metros para ver si alguien picaba y quien picó fue el de casi siempre. Empalme de Llorente sin dejarla botar y 1-0. El riojano es de esos tipos que bajan al bar a por tabaco y vuelven con un décimo de lotería premiado. Fue marcar el gol y a los pocos minutos marcharse sustituido por lesión. Se quedaron sin el delantero estrella pero con los deberes hechos.
El Manchester ni estuvo ni se le esperó. Vendieron el pescado antes de lanzar la red y no mostraron creencia en la remontada. La actitud de los `Diablos Rojos´ resultaba tan acogedora como una nevera vacía, habían ido a La Catedral a que les excomulgaran. No sabremos que les produjo más turbación, si el Athletic, San Mamés o que hasta Amorebieta se sumara al recital. Ante ese escenario los vascos siguieron jugando como si hubieran pasado hambre. Iraola salió a conocer mundo y se fabricó una jugada de canela en rama en el área. De haber marcado, el estruendo hubiera movido las campanas de la Basílica de Santiago.
El Manchester ni estuvo ni se le esperó. Vendieron el pescado antes de lanzar la red y no mostraron creencia en la remontada. La actitud de los `Diablos Rojos´ resultaba tan acogedora como una nevera vacía, habían ido a La Catedral a que les excomulgaran. No sabremos que les produjo más turbación, si el Athletic, San Mamés o que hasta Amorebieta se sumara al recital. Ante ese escenario los vascos siguieron jugando como si hubieran pasado hambre. Iraola salió a conocer mundo y se fabricó una jugada de canela en rama en el área. De haber marcado, el estruendo hubiera movido las campanas de la Basílica de Santiago.
A los 65 minutos De Marcos volvió a encender las brasas de San Mamés. Entre Susaeta e Iraola se lo fabricaron para que el vitoriano empujara el segundo. Ya no hizo falta mirar al marcador, ni al tiempo, solo disfrutar lo que quedaba. Al Manchester se le puso el partido en japonés, ya no había nada que hacer. Tres goles en 25 minutos era una tarea para otro día. Quizá contra el Wigan o el Bolton. Sólo Rooney trató de salirse un poco del guión y marcó un gol con efectos especiales. El público se lo reconoció, con aplausos, al igual que a Giggs, abuelo de la Premier. Una competición, ésta, que se ha hundido los pies esta temporada en Europa. Eso apunta a que de lejos, ya no es la mejor liga del mundo. Dejen paso a la española otra vez. Hoy volvió a quedar demostrado. El Athletic ya está en cuartos y San Mamés ha encontrado a su musa, su equipo de toda la vida que ahora juega como nunca. Tiene Bilbao un gran tesoro. Que lo aprovechen.
El trivote nunca falla
- El
Madrid jugó a `medio gas´ pero le bastó para despachar al CSKA
- Marcaron
los tres delanteros, Cristiano por partida doble
La pelea no duró más de dos guantazos. Veintitrés minutos para ser exactos. Lo que tardó Higuaín en escribir el nudo de un partido que parecía raro. De esos que les falta sal. Porque la sensación era esa. Demasiada inquietud y sosería en unos primeros minutos en los que el CSKA se quitó la imagen que se ganó el Leverkusen, la del club de colegialas fans de Messi. En la previa, Mourinho había avisado que jugaría con trivote ofensivo. Finalmente fueron dos de inicio pero mojaron los tres. Ya se sabe que Higuaín, Cristiano y Benzema son de esos que no se asustan si el perro ladra al llamar al timbre de la puerta. Son insaciables, con licencias muy distintas pero unidos a un mismo fin, el de reventar porterías. A uno se le tiene en busca y captura, encuentra los goles como el que entra al bar pidiendo lo de siempre; a otro, como el Pipa, se le mira de arriba abajo en cada balón que toca en el área, en permanente pasarela, como si a cada fallo alguien le esperara con la guillotina detrás de la esquina. El tercero es Karim, con una fragancia más elegante para tratar con el balón, el más calmado en esa guerra por desenfundar rápido. Aunque hoy le tocó ser Billy El Niño.
En la ida al Madrid se le había congelado el fuste y hoy salió con las piernas de plomo, falto de velocidad en sus transiciones y muy parsimonioso en defensa. Parecía que la idea de golear al equipo ruso pasara por no tener que salir de Valdebebas, como si los goles estuvieran destinados a caerse del bolsillo por su propio peso. Y así fue al final, pero la tónica general apuntó a una pizarra táctica desajustada, lejos de las facultades de arquitectura y más cerca de un aula de educación infantil. Los rusos le pusieron funda a la brújula del Madrid, Xabi Alonso, quien se vio con grilletes en los pies, sin poder trazar una hoja de ruta para salir del atasco. Al contrario del CSKA, quién planteaba justo lo contrario, dentro de lo que la calidad de sus botas le permitiera, que no era mucho. Así tuvo las primeras. Doumbia envió a las nubes lo que debió haber besado las mallas. Primer aviso. Los rusos volvieron a llegar al área antes del primer bofetón. Las ocasiones del CSKA no esperadas mandaron un telegrama a Ozil quien optó por borrar el dibujo con el codo. El alemán, a veces, se muestra como esos móviles que titubean con la cobertura: ahora sí, ahora no, ahora si, ahora no. Hoy no estaba para recibir llamadas largas. Solo había que confiar que un pase interior dejara en cueros a la defensa rusa. Llegó como el tren que arriba con retraso, pero llegó. En una de esas, Khedira se quitó el tronco de la espalda, asistió a Kaká y éste al Pipa. Encendió la mecha, se apagó el CSKA.
El Madrid se soltó la melena. Era cuestión de esperar que el gol llegara y llegó, y era cuestión de esperar también que el partido se abriera y los tantos fueran cayendo como fruta madura. Esa parte se quedó en stand by. Llegaron los goles, pero sin la sensación de que el CSKA necesitara poner coto a la crueza merengue. El partido no pasó de un periodo monótono de estatismo con pinceladas de acciones individuales. En el diccionario del Madrid gol viene antes que ocasión En esa faceta quien mejor se desenvuelve es Cristiano. Probó suerte, como quién no paga una factura esperando que no le corten la línea; la flauta sonó. En esa acción, un hombre, Chepchugov, puso una pica en el ridículo. Olvidó los apuntes de colocación en un tiro lejano y se tragó el pelotazo del portugués.
Pese que a que el partido seguía con la guitarra desenchufada, y eso no iba a cambiar ya, Benzema marcó cuando su asiento del banquillo todavía estaba caliente. Eran ya minutos para Granero, que tendrá que sustituir a Alonso en la ida de cuartos. El vasco vio la amarilla y se perderá el siguiente partido. El CSKA abrió la ventanilla para tomar algo de aire, así Tosic hizo el gol del honor, que fue un golazo. Hubo tiempo para algo más. Cuando los piperos ya arrancaban por la bocana del Metro Cristiano hizo el cuarto. Hay quien ya opta por ponerles explosivos en los paquetes de pipas al alejarse del Bernabéu antes de acabar el partido. La vida es eso que pasa mientras Cristiano marca goles. Benzema le asistió, dando pan a quien tiene una panadería. A cuartos. Mou se fue a saludar a la única zona del estadio que no se escucha el crujir de las pipas. Jugando como hoy no se ganará la décima, eso lo sabe hasta el banderín de córner, pero no era día para conclusiones.
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