- El Atlético no pudo resistir a la genialidades del portugués que hizo otro hattrick
- La historia del derbi se repitió con una gran segunda parte del Madrid
Precisamente ayer no había tiempo para pensar los años que
el Atlético no le moja la oreja a los blancos. El Madrid tenía que salir del
Calderón con los tres puntos para evitar infartos prematuros. En ese choque de variedades
anímicas parecía que solo un tipo sabía lo que tenía que hacer. Cristiano
Ronaldo tiró de talento, tiró de un apagado Benzema, tiró de Ozil, tiró de un
lento Alonso, tiró de Di María, de él mismo, y lo más importante, tiró a puerta.
Porque ahí estuvo la clave y ahí se desatascó un partido que empezaba a
rechinar la clasificación. En la primera que tocó le hicieron falta, en la
segunda también y en la tercera un penalti que no se pitó. En cuanto tuvo la ocasión
de cañonear, lo hizo. Nadie quiere tanto a la pelota como el portugués y nadie
le mete esos trastazos como él. Un canto al amor verdadero. Su golpeo de libre
directo hizo esa parábola tan suya y Courtois se quedó silbando mientras el
balón bajaba.
Primer bofetón al Atlético que había saltado al campo con la
ambición de quién tiene un plan para comerse el mundo espoleado por una grada
con la sangre siempre más caliente que los jugadores, pero pronto cedió la
iniciativa al Madrid. Y ahí estuvo el problema en la primera parte. El Madrid
también quería contraatacar, pero hoy no le tocaba. Dos no contraatacan si uno
no quiere, y en esa faceta los de Simeone pillaron primero la idea, con Diego
como la arteria por la que circula toda la sangre limpia y arriba el chico de
los recados, un Falcao que lo remata todo. Antes del primer gol de CR7 el
colombiano se citó con la portería pero siempre llegó tarde al encuentro, la
pelota se fue con otro. Godín agredió a Pepe en el lanzamiento de un córner y el
árbitro puso la mirada en el vacío. Esa sensación de que a Pepe se le puede
devolver todas pero no perdonarle ninguna.
El Madrid había sesteado la primera mitad. Por el centro del
campo no corría aire con un Xabi Alonso espeso dónde Khedira tomó más
protagonismo, un Kaka con pérdidas constantes y unos laterales que no experimentaron ninguna subida
con peligro. También Di María y Benzema se abrazaron a la desazón general del
equipo, el primero con esa extraña creencia de ser el rey Midas y convertir en
oro todo lo que toca. Disparó fuera tantas veces como quién repite los pasos de
baile de una coreografía de Vagánova. El único rey Midas anoche fue Cristiano
Ronaldo.
Mou movió banquillo al descanso metiendo a Ozil por Kaka, que
había dado los mismos signos de vida que la batería de un smartphone. Tardó en
reaccionar el Madrid y en esas aprovechó Falcao para empatar. Adrián le buscó
por el segundo palo y ahí le encontró. El gol fue una bocanada de aire fresco
para el Calderón, más ruido que otra cosa, porque cuando más pesimismo se
respiraba en el madridismo por el miedo a un cuarto empate volvió a aparecer el
de siempre, que a su vez es el mejor. En el 68 Cristiano agarró una pelota en
la frontal y otro puñal a reacción se coló en la meta de Courtois. Presumió de
muslo y de talento. Se echó el equipo al lomo, entró en velocidad de crucero y
ya no paró. Tuvo un par de ocasiones más para salir con un saco de goles en el
bolsillo. Porque él lo fue todo.
Para dar la puntilla apareció Godín que atropelló al Pipa. La mujer barbuda de todos los derbis. Este año
no le tocó a Perea. El penalti lo transformó Cristiano para quedarse a un gol
de su propio récord en liga. Cristiano superará a Cristiano. Ahí se acabó el
Atlético mientras Callejón cerraba el
partido con otra asistencia del portugués cuando los espacios ya eran cráteres.
El suplente que mejor aprovecha los minutos de la liga. Esa tranquilidad de los
partidos cuando se encarrilan sin la importancia de unos árbitros esotéricos
que te obligan a golear. Así terminó otro derbi con la misma historia de
siempre, la del preadolescente rojiblanco que no sabe lo que se siente al ganar al Madrid.
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