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"Me he gastado el noventa por ciento de mi dinero en alcohol y mujeres. Es resto lo he despilfarrado" (George Best)

jueves, 12 de abril de 2012

Cristiano, Rey Midas


  • El Atlético no pudo resistir a la genialidades del portugués que hizo otro hattrick
  • La historia del derbi se repitió con una gran segunda parte del Madrid

El fútbol es eso que transcurre mientras Cristiano Ronaldo marca goles y los derbis madrileños eso que el Atlético de Madrid nunca gana. A veces, por impedimentos psicológicos, por esa psicosis de inferioridad que le agarrota las piernas; otras, las más, por esa superioridad y talento del vecino que le mantiene a años luz de ser un problema para el Real Madrid. Porque el Atleti es la preocupación menos preocupante para el Madrid, la misma que la de un niño por tener que pelearse con Hacienda. La vida de los rojiblancos en los derbis pasa por repetir el mismo disparo en el pie, evitando rascar en la camiseta blanca como si a uno se le fuera a quedar el dedo pegado al intentarlo. Al preadolescente atlético le han contado una vez que al Madrid se le podía ganar, en esos mismos tiempos en los que un teléfono móvil servía para hacer pesas.

Precisamente ayer no había tiempo para pensar los años que el Atlético no le moja la oreja a los blancos. El Madrid tenía que salir del Calderón con los tres puntos para evitar infartos prematuros. En ese choque de variedades anímicas parecía que solo un tipo sabía lo que tenía que hacer. Cristiano Ronaldo tiró de talento, tiró de un apagado Benzema, tiró de Ozil, tiró de un lento Alonso, tiró de Di María, de él mismo, y lo más importante, tiró a puerta. Porque ahí estuvo la clave y ahí se desatascó un partido que empezaba a rechinar la clasificación. En la primera que tocó le hicieron falta, en la segunda también y en la tercera un penalti que no se pitó. En cuanto tuvo la ocasión de cañonear, lo hizo. Nadie quiere tanto a la pelota como el portugués y nadie le mete esos trastazos como él. Un canto al amor verdadero. Su golpeo de libre directo hizo esa parábola tan suya y Courtois se quedó silbando mientras el balón bajaba.

Primer bofetón al Atlético que había saltado al campo con la ambición de quién tiene un plan para comerse el mundo espoleado por una grada con la sangre siempre más caliente que los jugadores, pero pronto cedió la iniciativa al Madrid. Y ahí estuvo el problema en la primera parte. El Madrid también quería contraatacar, pero hoy no le tocaba. Dos no contraatacan si uno no quiere, y en esa faceta los de Simeone pillaron primero la idea, con Diego como la arteria por la que circula toda la sangre limpia y arriba el chico de los recados, un Falcao que lo remata todo. Antes del primer gol de CR7 el colombiano se citó con la portería pero siempre llegó tarde al encuentro, la pelota se fue con otro. Godín agredió a Pepe en el lanzamiento de un córner y el árbitro puso la mirada en el vacío. Esa sensación de que a Pepe se le puede devolver todas pero no perdonarle ninguna.

El Madrid había sesteado la primera mitad. Por el centro del campo no corría aire con un Xabi Alonso espeso dónde Khedira tomó más protagonismo, un Kaka con pérdidas constantes y unos laterales que no experimentaron ninguna subida con peligro. También Di María y Benzema se abrazaron a la desazón general del equipo, el primero con esa extraña creencia de ser el rey Midas y convertir en oro todo lo que toca. Disparó fuera tantas veces como quién repite los pasos de baile de una coreografía de Vagánova. El único rey Midas anoche fue Cristiano Ronaldo.

Mou movió banquillo al descanso metiendo a Ozil por Kaka, que había dado los mismos signos de vida que la batería de un smartphone. Tardó en reaccionar el Madrid y en esas aprovechó Falcao para empatar. Adrián le buscó por el segundo palo y ahí le encontró. El gol fue una bocanada de aire fresco para el Calderón, más ruido que otra cosa, porque cuando más pesimismo se respiraba en el madridismo por el miedo a un cuarto empate volvió a aparecer el de siempre, que a su vez es el mejor. En el 68 Cristiano agarró una pelota en la frontal y otro puñal a reacción se coló en la meta de Courtois. Presumió de muslo y de talento. Se echó el equipo al lomo, entró en velocidad de crucero y ya no paró. Tuvo un par de ocasiones más para salir con un saco de goles en el bolsillo. Porque él lo fue todo.

Para dar la puntilla apareció Godín que atropelló al Pipa.  La mujer barbuda de todos los derbis. Este año no le tocó a Perea. El penalti lo transformó Cristiano para quedarse a un gol de su propio récord en liga. Cristiano superará a Cristiano. Ahí se acabó el Atlético mientras  Callejón cerraba el partido con otra asistencia del portugués cuando los espacios ya eran cráteres. El suplente que mejor aprovecha los minutos de la liga. Esa tranquilidad de los partidos cuando se encarrilan sin la importancia de unos árbitros esotéricos que te obligan a golear. Así terminó otro derbi con la misma historia de siempre, la del preadolescente rojiblanco que no sabe lo que se siente al ganar al Madrid.

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